MONASTERIO TRAPENSE

                   
Nuestra Señora de los Ángeles - Azul (Bs.As.) Argentina     

                                                                                                                        

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Preguntas mas Frecuentes

 

1. ¿Qué quiere decir "trapense" y de dónde vienen Uds.?

2. ¿Es verdad que los trapenses hacen voto de silencio?

3. ¿Cuál es la relación de la vida en el monasterio con otras formas de
vida cristiana?

4. ¿Qué significan los trapenses en el actual mundo postmoderno?

5. ¿Es verdad que la persona que dejó caer la primera bomba atómica
se encuentra en el monasterio de Azul?

6. ¿Cómo conocer mejor la vida de un monje?

7. ¿Hay alguna manera en que los laicos pueden compartir más
plenamente la espiritualidad de los monjes?

 

   1.  ¿Quienes son los trapenses?


Los monjes y las monjas trapenses pertenecen a la familia monástica que sigue a Cristo según la Regla de San Benito, documento escrito en Monte Cassino, Italia, en el siglo VI. El sobrenombre de "Trapense" proviene de un movimiento de reforma que empezó en el siglo XVII en un monasterio francés, La Trappe, en Normandía. Las comunidades que abrazan esta reforma se llaman con frecuencia "Trapenses".

La reforma trapense tomó su inspiración de un movimiento más amplio de reforma que había tenido lugar dentro del monaquismo benedictino hacía 500 años, en el siglo XII, a partir del monasterio de Císter, cerca de Dijon, Francia. El nombre latino de Císter es Cistercium y los monasterios que siguen dicha reforma se llaman "cistercienses". Impulsado por San Bernardo de Claraval, el movimiento cisterciense se propagó rápidamente a lo largo de Europa hasta llegar a ser, a fines del siglo XIII, más de 500 monasterios. Hoy existen varias Ordenes monásticas en la familia de monasterios cistercienses. La "O.C.S.O." se refiere al nombre oficial de los Trapenses: "Orden Cisterciense de la Estrecha Observancia", que cuenta en la actualidad con 100 casas de monjes y 70 de monjas. Un poco más de la mitad de dichos monasterios están en Europa.

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   2.  Los trapenses y el voto de silencio.

Los monjes y las monjas trapenses tienen fama de ser personas silenciosas. De algún modo esta impresión, que tiene un cierto fundamento en la realidad, ha llevado a la idea de que los trapenses hagan un voto de silencio, cosa que no es verdad. En un monasterio cisterciense hay tres motivos para hablar: la comunicación funcional en el trabajo o durante los diálogos comunitarios, el intercambio espiritual sobre la vida personal con los superiores o con un hermano acompañante, y la conversación informal en ocasiones especiales. Se integran estas razones para hablar dentro de la disciplina de mantener un ambiente general de silencio, el cual constituye una ayuda importante para la oración continua.
El silencio, sin embargo, se considera implicitamente incluido en una de las promesas hechas por el monje en el momento de su profesión monástica, a los cinco o seis años después de entrar en el monasterio. Se promete la "conversión", es decir, fidelidad a la vida monástica, de la cual una parte es la disciplina de mantenir un ambiente de silencio, que exige controlar la lengua. Pronto se descrubre que el hablar no es siempre la forma mejor de comunicación, que con frecuencia se utiliza la palabra no para comunicarnos sino como encubrimiento personal. Una sencilla actitud amistosa, silenciosa y orante comunica algo que va mucho más allá de las palabras.

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   3.  La vida trapense y otras formas de vida cristiana.

Desde el comienzo del cristianismo, las variadas formas de vida cristiana han sido comparadas a los distintos órganos de un único cuerpo humano viviente, órganos llamados a servirse mutuamente en la unidad y la diversidad. A través del acontecimiento definitivo de la muerte y resurrección de Jesús, los fieles cristianos constituyen misteriosamente el único Cuerpo de Cristo. "Somos miembros los unos de los otros" (Ef 4,25). El Espíritu del Cristo resucitado inspira, unifica y, al mismo tiempo, diversifica este Cuerpo, que es la Iglesia. La vocación cisterciense o trapense es parte integral de la misma: un fruto del Espíritu Santo, en comunión con los obispos de la Iglesia católica romana, al servicio de toda la Iglesia y del mundo entero.

En la práctica, las distintas vocaciones cristianas continúan el trabajo y la presencia de Jesús a lo largo de la historia humana. Por ellas Cristo sana, enseña, predica y sirve a través de las personas y de los grupos llamados hoy a tales ministerios. Los trapenses tienen conciencia de que el Espíritu de Cristo los llama a la vida sencilla, escondida, laboriosa, orante, servicial y acogedora de una comunidad monástica particular. Se continúa en ella los muchos años en que Cristo vivía oculto con su familia en Nazaret, tantos momentos de su oración solitaria al Padre y la existencia sencilla de sus primeros discípulos en Jerusalén. Se ha llamado este género de vida el "corazón" invisible del Cuerpo de Cristo.

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   4.  Significado de los trapenses en el mundo actual.

El mundo actual está lejos de ser uniforme o consistente, pero tiene una necesidad profunda de trascender lo que es visible, una sed tanto de espiritualidad y misticismo como de comunidad, un deseo de unión divina. En este tipo de cultura, la búsqueda de Dios se manifiesta a través de diversas maneras de ir más allá de uno mismo: la prestación social, la droga, el sentido de misterio, la oración silenciosa como parte integrante de la vida humana. Es desde ahí donde la vida trapense se revela como sorprendentemente significativa para el mundo actual, gracias a su espiritualidad que acentúa la unión de la persona humana con Dios y con los otros en el misterio transformador de Cristo.

El Abad General de los trapenses, el argentino Dom Bernardo Olivera, nos escribió recientemente a este respecto: "Nuestra experiencia mística cristiana es, en definitiva, experiencia de reforma y conformación con Cristo. Sólo así podremos ofrecer: una orientación hasta la salida del sol de una nueva época y un testimonio religioso para el mundo secular contemporáneo, una contribución indispensable para el diálogo con las otras religiones y un servicio contemplativo para las iglesias cristianas."

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   5.   El que tiró la primera bomba atómica.

Desde los primeros días de la fundación del monasterio de Azul en 1958, se corrió la voz de que el bombardero del avión que llevaba la bomba atómica y la dejó caer sobre Hiroshima al fin de la Segunda Guerra Mundial se encontraba entre los monjes fundadores del monasterio. No es claro de dónde proviene dicho cuento, que es una invención interesante de la imaginación humana.

La verdad parece ser en la linea de los informes recibidos de los monasterios norteamericanos, según los cuales hay dos versiones de la historia. La primera es que uno de los tripulantes de dicho avión se hizo monje de un monasterio trapense de aquel país, quedándose en el mismo hasta su muerte hace pocos años. La otra versión es que, al darse cuenta después de la guerra de lo que había hecho, uno de los tripulantes del avión habló con un sacerdote, quien le aconsejó hacer un retiro de algunos días en un monasterio trapense. Efectivamente, hizo el retiro, habló con un monje y volvió más tranquilo a su vida en el mundo. Las dos versiones pueden ser verdaderas.

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  6.   Para conocer mejor la vida trapense:

Por debajo del interés que muchos tienen en la vida monástica, hay algo que se puede llamar un "monje" oculto dentro de cada persona. Se trata de la imagen de Dios impresa en el ser humano por su Creador. Estamos hechos por Dios y para Dios. La vida monástica responde a esta orientación radical de nuestro ser: la necesidad de vivir intensamente para Dios, sea individualmente o junto a otros hermanos en comunidad.

Más concretamente, puesto que la oración está en el corazón de la vida del monje, siempre que se quiera se puede conocer mejor la vida monástica, al dedicar 10 ó 20 minutos al día para tu propia oración o a la lectura orante de la Sagrada Escritura, sobre todo del Nuevo Testamento. Este ritmo de oración es especialmente importante si buscas tu lugar en la vida, tu vocación: máxime si crees que Dios te llama a una comunidad monástica.

Para conocer aún más sobre la vida trapense en particular, lo mejor es pasar unos días en la hospedería del monasterio. Hay que ponerse en contacto previo, por carta o por teléfono, para reservar una plaza en la hospedería, porque es muy frecuentada. Durante los días en la hospedería se puede hablar libremente con el hermano hospedero, que puede ampliar la información sobre lo que se le pregunte. El que no puede visitar el monasterio, puede relacionarse por escrito con el mismo, o leer algún libro sobre la vida monástica o sobre la oración cristiana. La dirección de nuestro monasterio de Azul está en la página de entrada.

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  7.   Los laicos y los monjes:

En nuestros días hay un deseo creciente de parte de muchos amigos de los monasterios de entrar más plenamente en la vivencia espiritual de los hermanos, sin dejar de estar en el mundo como laicos. Como respuesta a dicho deseo, se comienza a crear asociaciones de laicos, hombres y mujeres, amigos de un monasterio particular. La finalidad de estas asociaciones es, sobre todo, compartir la espiritualidad de los monjes: el ritmo de su oración, el equilibrio de sus actividades, la disciplina sabia y prudente de su ascetismo. Las estructuras de tales grupos son flexibles y dependen principalmente de dos factores: la situación del monasterio y las posibilidades de los asociados, o de los que quieren serlo.

El monasterio de Azul tiene muchos amigos, pero sin una estructura oficial que los reúna en un determinado grupo de laicos asociados. Para tener este último, habría que proveer para ellos un programa de formación más completa, con acompañamiento espiritual de parte de un hermano y encuentros periódicos frecuentes. Por ahora, el boletín de la comunidad trata de ofrecer un vínculo de comunión entre todos los que nos han visitado, junto con una cierta formación espiritual en la dimensión contemplativa de nuestra fe cristiana y católica.

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