Historia
Benedictinos, Cistercienses, Trapenses.
En el cristianismo, desde siempre hubo hombres y mujeres que no contrajeron matrimonio, impulsados por el deseo de imitar más de cerca la vida de Jesús. Con el correr de los años, se formaron comunidades fraternas para ayudarlos a perseverar en ese deseo. En el siglo VI, San Benito redactó una Regla para tales comunidades.
Los cinco principios básicos son:
1 - Jesucristo es Dios y Señor
Somos sus discípulos. En el monasterio aprendemos a conocerlo mejor, a amarlo en todo y a servirlo en los hermanos.
2 - Dios está presente en todas partes
Hemos de reverenciarlo en todo lo que hacemos, especialmente en la persona del prójimo y en la oración comunitaria.
3 - El camino que lleva a Dios
Es el mismo que siguió Jesús cuando se encarnó se hizo uno de nosotros. La humildad y la obediencia abren nuestro corazón y nos permiten acoger al Señor nuestro Dios.
4 - El ritmo cotidiano de la vida
Ha de guardar un equilibrio dinámico entre la oración comunitaria y la personal, entre el trabajo y las relaciones fraternas.
5 - El monje es hijo de la Iglesia
Y el monasterio es la Iglesia en miniatura. Se prolonga así la vida de la primera comunidad cristiana, en la que “se compartía la enseñanza de los Apóstoles (…) tenían un solo corazón y (…) todo era común entre ellos” (Hechos 2 y 4).
A comienzos del siglo XII en Císter, Francia, tuvo lugar una reforma de la tradición benedictina: la “reforma cisterciense”.
Quinientos años después se produjo otra reforma en el monasterio de La Trapa, en Normandía, Francia. Esta “reforma trapense” se extendió a Norteamérica en el siglo XIX y llegó a América Latina en 1958.
Nació así nuestro monasterio: el de Nuestra Señora de los Ángeles.
El primero de la Orden en nuestra Patria Grande. En la actualidad existen catorce casas trapenses latinoamericanas: dos en Argentina, dos en Brasil, dos en Chile, dos en Ecuador, dos en México, dos en Venezuela, una en República Dominicana y una en Nicaragua.
El secreto del Monasterio
Quien visita por primera vez nuestro monasterio suele experimentar una sensación de paz. Pero, ¿cómo explicar esta paz? ¿Cuál es su causa y cuál es su sentido?
El secreto de la vida monástica tiene un nombre: JESÚS.
Quienes habitamos este monasterio hemos entregado nuestras vidas a su Persona y a su proyecto, el Reinado de Dios. Y esta entrega se verifica mediante nuestra vida de alabanza, austeridad, oración, trabajo, comunidad y caridad fraterna.
Los monjes somos discípulos del Señor Jesús y lo seguimos con el fin de unirnos a Él, para gloria del Padre y salvación de todos.
Comunidad Contemplativa
Los monjes nos retiramos del mundo a la soledad, a lugares despoblados, lejos de lugares habitados. Abandonamos las estructuras sociales e, incluso, a nuestra propia familia, con el propósito de ser fieles a un llamado y de sellar una Alianza con el Señor en el seno de una comunidad de hermanos.
Esta Alianza se establece en el sacramento del bautismo y lo especifica de un modo particular. La vida monástica sella al cristiano y lo convierte en monje, y la fe nos dice que esta entrega radical influye misteriosamente en toda la Iglesia y en el mundo entero.
El secreto de la vida monástica tiene un nombre: JESÚS
ACERCARTE A LA VIDA MONÁSTICA CRISTIANA
Nuestro Director de vocaciones podrá asesorarte sobre todas las inquietudes que tengas para formar parte de nuestra comunidad.
Podés escribirle a:
Los requerimientos básicos para sumarte son: el deseo sincero de encontrar a Dios, tener entre 20 y 35 años de edad, una buena salud física y psíquica, libertad de obligaciones familiares y económicas.
Si quieres confiar tus intenciones de oración a nuestra comunidad escribe a: