Jornada del Monje
Los monjes hemos tomado siempre a Jesús como modelo de vida. La experiencia nos enseñó una lección importante: algunos aspectos de la vida y de la palabra de Jesucristo conducen más rectamente que otros hacia la recuperación de la semejanza con Dios perdida por el pecado. Entre ellos:
- La apertura y la docilidad a un superior, tal como Jesús al Padre.
- La comunión fraterna y la decisión de compartir los bienes materiales.
- El silencio, con el fin de meditar y de interiorizar la Palabra de Dios.
- La oración personal y litúrgica, en unión con toda la Iglesia.
- El trabajo para ganarse el sustento cotidiano y no vivir de limosnas.
Algunos de los aspectos más salientes del servicio del abad son mantener la paz comunitaria, cuidar la calidad monástica de la vida y velar para que cada hermano la viva en forma equilibrada. Todo esto, sin anteponer nada al amor de Cristo, caminando juntos en presencia de Dios.
Vida de oración
Jesús oraba sin cesar y enseñaba a orar a sus discípulos. El Padrenuestro y la oración sacerdotal en la noche de la última cena son testimonios de su vida orante. Su enseñanza se resume en pocas palabras: “es necesario orar siempre sin desanimarse.”
Los monjes siempre hemos buscado la mejor manera de imitar a Jesús orante y hemos tratado de poner en práctica su doctrina. Tres formas de oración se fueron imponiendo a lo largo de los siglos:
1 - Oficio divino u oración litúrgica en común
Siete veces al día, desde antes de la aurora hasta el anochecer. Su centro y cumbre es la Santa Misa.
2 - Lectio divina o lectura meditada de la Palabra de Dios
Tal como hizo la Madre de Dios, que “conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón”.
3 - Oración privada o silenciosa
Fruto de la lectio divina, con momentos de intimidad en los que el corazón orante se expande libremente ante el Señor.
Es así como va naciendo la oración permanente y sin cesar. Un deseo constante de estar y de vivir en Cristo, con el propósito de actuar como Él.
Devoción a la Virgen María
El amor de la Madre de Dios ocupa un lugar privilegiado en nuestras vidas. No podía ser de otra manera. Jesús mismo nos la entregó cuando le dijo al apóstol Juan: “Aquí tienes a tu madre”. Al igual que él, la recibimos como Madre en nuestra casa. Celebramos gozosos sus fiestas a lo largo del año, y el rezo del Rosario es una práctica personal tenida en gran estima.
La devoción a María encuentra diferentes cauces de expresión. Las imágenes de la Virgen de Luján y de Guadalupe nos preceden en lugares importantes de casa: el comedor y el claustro. Pero el momento comunitario más intenso se desarrolla al fin del día, ante el vitral iluminado de la Virgen, con el canto de la Salve Regina.
Trabajo
Nuestra actividad incluye múltiples tareas de servicio, desde la cocina y la hospitalidad hasta la administración económica.
La agricultura y la ganadería son las principales fuentes de recursos. Nuestra Cabaña “Los Ángeles” se especializa en la cría de Hereford controlada genéticamente para los campos argentinos.
La artesanía es otra de nuestras tareas: aprovechamos la variada flora de nuestros campos para elaborar la miel natural “Santa Cruz de la Sierra”, producimos té digestivo en el “Jardín de los monjes” y, en nuestro taller, elaboramos alfajores, muebles para uso local y artículos de artesanía religiosa.
VOCACIÓN
No es algo que inventamos, es un tesoro que encontramos en nosotros mismos, una llamada a la que respondemos.
Acercarte a la vida monástica cristiana
Nuestro Director de vocaciones podrá asesorarte sobre todas las inquietudes que tengas para formar parte de nuestra comunidad.
Podés escribirle a:
Los requerimientos básicos para sumarte son: el deseo sincero de encontrar a Dios, tener entre 20 y 35 años de edad, una buena salud física y psíquica, libertad de obligaciones familiares y económicas.
Si quieres confiar tus intenciones de oración a nuestra comunidad escribe a: